Llueve... y no sé si es la lluvia sobre el vidrio,
o mis ojos llorosos, los que nublan la autopista.
Distingo tu silueta a través del cristal,
y no es que no deposite la distancia de seguridad,
es que no quiero apartarme de ti ni tan solo unos metros.
El intermitente se enciende y los dos nos desviamos hacia esa ruta de servicio que nos albergará por momentáneos minutos de la lluvia para darte un último abrazo, un "hasta dentro de unos días"...
El tiempo parece detenerse, y la sensación de dolor vuelve a agarrarme como la última vez que me despedí de ti.
Odio no tenerte cerca, cuando eso pasa la incertidumbre como de costumbre vuelve a hacer lo que le da la gana conmigo y solo evoco el momento en el que pueda volver a abrazarte, quererte, emocionarme, acariciarte, hablar de tantas... tantas cosas...

Es sencillo lo que quiero y solo se reduce en sentirte a mi lado.

Es mucho pedir eso?


“Una amiga nunca está tan lejos que no la alcance tu necesidad”

(MAKTUB)